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domingo, septiembre 09, 2007

MADINAT AL-ZAHRA

Situada a unos 7 km de Córdoba, y cubirendo sus espaldas, se alza la ciudad palatina de Madīnat al-Zahrā, a los pies de Sierra Morena. Diversas leyendas y fuentes islámicas identifican la construcción de la ciudad como un acontecimiento regido por factores astrológicos, presagios y hasta por un capricho de amor. Durante su siglo de esplendor -desde el inicio de construcción, alrededor del 936 d.C, hasta su abandono sobre el año 1000-, Medina Azahara fue objeto de elogios, leyendas y poemas que se recitaban a lo largo de todo el Mediterráneo. Se sabe que durante este período fue escenario de numerosas reuniones con embajadas extranjeras, tanto cristianas como musulmanas. Medina Azahara resumía el esplendor de un califato, pero en menos de un siglo empezó su declive y su posterior saqueo y deterioro que ha llegado hasta casi nuestros días...


Primero de todo, decir que la construcción de esta ciudad respondió a una serie de factores topográficos y paisajísticos: la ciudad se edificó en el valle del Guadalquivir, que une Córdoba y Almodóvar del Río, y por lo tanto en una zona fértil y apta para el cultivo. Además, la situación en el valle permitía controlar las laderas cordobesas en contacto con el río Guadalquivir. Pero otro aspecto clave y recurrente en este complejo arquitectónico es el de la jerarquización de los edificios: los edificios de la administración califal y las residencias de sus encargados se encuentran en un primer nivel de la ladera, permitiendo tener un mayor contacto visual sobre el terreno. Toda esta serie de factores hacen creer a los investigadores que la edificación de esta ciudad no respondió a factores ajenos al paisaje y la topografía.

El ideólogo de este proyecto fue el primer califa de Al-Andalus, Abderraman III 1 , proclamado como tal en el año 929 de nuestra era -316 H 2. De hecho, ya había subido al trono en el 912, pero tras un período de conflictividad decide abandonar la tutela del califato de Bagdag y centrarse en hacer frente a los reinos cristianos del norte y a los fatimíes del Magreb. Su objetivo era el de hacer de Córdoba la capital de todo el mundo islámico, y para ello inició una serie de obras arquitectónicas para engrandecer y dar lustre a la ciudad; entre estas tareas tenemos la ampliación de la mezquita aljama de la ciudad -la actual "Mezquita"-, la construcción de un acueducto para abastecer de agua a la ciudad y la planificación de una ciudad palacial, Medina Azahara -siguiendo el modelo de otros complejos palaciegos como el de Samarra, Irak.

El califa necesitaba hacer patente su poder y dar cobertura a la administración de su reino y al aumento de población, ya que por entonces Córdoba había traspasado los límites de sus murallas, con la construcción de arrabales y almunías en las afueras. Una vez iniciada su construcción, tanto la corte como el personal administrativo se trasladarona los palacios de la Medina.

Mucho se ha escrito sobre la aparición de esta bella ciudad, una leyenda de las cuales afirma que la construcción de la misma fue debida al amor que procesaba el califa Abderraman hacía Zahra -"la flor"-, una bella muchacha, su favorita. Ésta habría sugerido al monarca la edificación de la más bella ciudad a extramuros de Córdoba, para materializar el placer, la belleza y el poder andalusí; la ciudad llevaría el nombre de esta muchacha, Zahra, la "Ciudad de la Flor de Azahar". El califa habría hecho colocar una bella estátua de la muchacha a la entrada de la ciudad y habría mandado talar la vegetación de la montaña por un "capricho" de Zahra, sustituyéndola por higueras y almendros y creando una bella atmósfera.
Hay que decir que, tras varias investigaciones, se ha determinado que la edificación del complejo palaciego respondía a otro tipo de razones -como ya expusimos anteriormente.


Como ya dijimos anteriormente, la ciudad se sitúa a diferentes niveles, quedando el Alcázar en el punto más alto y a un nivel inferior la ciudad en sí. En el Alcázar vivía el califa y se administraba el reino, así que este palacio se divide en dos zonas importantes: la zona privada, situada en la zona alta del complejo y formada básicamente por las estancias del monarca y de su séquito; la zona oficial, separada de la zona privada, era donde de verdad se resolvían los asuntos del califato. En el centro de Alcázar se encuentra el "Salón Rico" o "de Abderraman III", denominado de esta manera debido a la magnífica decoración vegetal de sus paredes. Era en esta estancia donde el califa recibía en audiencia a embajadas extranjeras, personalidades... El Jardín Alto, situado en la parte "oficial" del palacio y juntamente con el Salón Rico, constituyen uno de los logros del arte islámico. Este jardín está organizado en cuatro parterres con acequias y un edificio central que constituye el Pabellón Central, rodeado a su vez por estanques.

La Mezquita Aljama de la ciudad se encuentra en el siguiente nivel, y fue el primer edificio que se levantó en la ciudad -hay noticias que en mayo del año 941 d.C se celebró la primera predicación.

La majestuosidad de la medina llegó a ser conocida en toda Europa, tanto por su belleza como por su ostentación de lujo y poder. Su decoración, sus juegos de luces -el mercurio del Salón del Trono y sus cristales de colores creaban este espléndido espectáculo-, sus ceremoniales... todo esto llegó a impresionar a reyes y embajadas extranjeras. Se tiene constancia de la visita del rey de León Ordoño IV al califa al-Hakam II -hijo a su vez de Abderraman III-, en la cual
mostró interés por ver al cristiano y se hicieron inmediatamente los preparativos para la ceremonia (...) Tenía a cada lado a sus hermanos, sobrinos y demás parientes, y a los visires, cadíes, magistrados civiles, teólogos famosos y demás altos funcionarios, todos sentados en fila según su jerarquía y posición.Ordoño se trasladó desde su residencia en Córdoba a Madinat al-Zahra acompañado de los príncipes cristianos de al-Andalus. Próximos ya al palacio, Ordoño hubo de seguir un camino a cuyos lados estaba formada la infantería, colocada en orden tan admirable que los ojos se quedaban asombrados por su uniformidad, y en tan apretadas filas que la mente se sorprendía de su número. Tal era la brillantez de sus corazas y armas que los cristianos estaban estupefactos de lo que veían. Con la cabeza baja, los párpados entornados (por el asombro) y los ojos semicerrados (por lo mismo), llegaron hasta la puerta exterior de Madinat al-Zahra, llamada Bab al-Akuba (Puerta de las Cúpulas). Llegados frente al salón oriental del palacio, donde estaba al-Hakam, Ordoño se detuvo, descubrió su cabeza, se quitó la capa y permaneció algún tiempo en actitud de asombro y respeto, bajo la impresión de que se aproximaba al radiante trono del califa (...) Al-Hakam guardó silencio durante algún tiempo, para dar ocasión a serenarse y a sentarse, y cuando notó que el cristiano se había repuesto algo de su emoción rompió el silencio y dijo: Bienvenido seas a nuestra corte, Ordoño. Ojalá veas cumplidos tus deseos y realizadas tus esperanzas. Encontrarás en nosotros el mejor consejo y la más cordial acogida y mucho más de lo que esperas. Cuando el interprete explicó a Ordoño el sentido de estas benignas palabras, se reflejo en su rostro la alegría, levantóse, y besó el tapiz que cubría las gradas del trono (...) Después de hablar así el Califa, Ordoño volvió a arrodillarse, y deshaciéndose en acciones de gracias, se levantó y abandonó la sala andando hacia atrás. Cuando llegó a otro departamento, dijo a los eunucos que le habían seguido que estaba deslumbrado y estupefacto por el majestuoso espectáculo de que había sido testigo" 3.


Ya desde Abderramán III, los califas adoptan una serie de elementos que le hacen tener patente su poder sobre la comunidad islámica andalusí; tanto es así que, en sus escasas apariciones públicas, lo hacía detrás de una cortina ligeramente transparente, y con su administración en bloque rodeándolo.

Es a partir de la muerte del hijo de Abderramán III -al-Hakam II- cuando la ciudad comienza su decadencia. La llegada al poder del hayib de Hisham II, Almanzor, y la construcción de Madinat al-Zahira, con el respectivo traslado de toda la corte y administración califal. Con la muerte de Almanzor -1002 d.C- se inicia un período de inestabilidad en Al-Andalus, que conducirá a una cruenta guerra civil o fitna entre bereberes -favorecidos por Almanzor- y los legitimistas de la dinastía Omeya.

El final de esta historia ya es de sobra conocido... la ciudad más bella de todo Al-Andalus fue atacada, abandonada y saqueada hasta casi nuestros días. Visitar esta ciudad es adentrarse en un mundo antiguo y olvidado, pero que sin duda alguna tuvo su momento de esplendor y que, de alguna manera, todavía nos lo muestra. El poeta cordobés Ibn Zaydum escribió estos versos al verse obligado a abandonar su querida Zahara:

¿Acaso un desterrado podrá volver a al-Zahra después que la lejanía le haya hecho derramar sus últimas lágrimas?

¿Volveré a ver los zócalos tan resplandecientes de las paredes de los salones reales, en donde los atardeceres más oscuros nos parecían auroras?

Recuerdo con toda evidencia cómo eran en este palacio los dos qurt, la qubba, el vasto kawkab y el sath.

Es un lugar de recreo que recuerda por su dulzura exquisita el paraíso celestial, pues todo hombre que allí se encuentre no sufrirá las fatigas de la sed, ni el ardor del sol.

Seguramente, las noches que he pasado junto al Guadalquivir son más cortas que las que pasé junto al Guadiana.


1- Hijo del emir Mohammed y de una princesa vascona, Abderramán tenía una apariencia muy poco "oriental". Según testimonios de la época, "era de tez blanca, ojos azul oscuro, rostro atractivo y corpulento"
2- Según el calendario musulmán. La H es de la "hégira", la salida de Mahoma de la ciudad santa de la Meca hacia Medina (622 d.C), y que fue marcada como el año cero del Islam.
3- Crónica de al-Maqqari

ENLACES DE INTERÉS:
http://www.museosdeandalucia.es/cultura/museos/CAMA/
http://perso.wanadoo.es/historiaweb/qurtuba/azahara/index_azahara.htm
http://www.legadoandalusi.es/legado/contenido/rutas/monumentos/62.htm


martes, octubre 03, 2006

ROCAMADOUR


Sin duda, Rocamadour es uno de los sitios más sagrados de Francia y Europa. Montaña situada en el sur de Francia a no muchos km al norte de Tolosa, Rocamadour se presenta al viajero como un lugar increíble y de gran belleza. La población está emplazada en un acantilado calcáreo (de 150 metros de altura) que surge de una montaña rodeada de un espeso y verde bosque. A uno de sus márgenes, transcurre el río Alzou, de poco caudal y escondido por la vegetación.


Se cree que este lugar ya era un centro espiritual desde antes de que llegaran los romanos, aunque no se ha podido demostrar con exactitud. Actualmente, y ya desde siglos atrás, Rocamadour es un lugar importante de peregrinaje (de hecho, enlaza con uno de los caminos que llevan a Santiago de Compostela). En una de sus ermitas se guarda una talla de una Virgen Negra (aunque se tiene constancia de que antes del siglo XVII no era de ese color), que es adorada por los peregrinos que allí acuden, aunque no se sabe muy bien el por qué.

Ya en el siglo XII, un tal Robert de Torigny narra en una crónica una de las leyendas de este lugar. Explica que en el 1166, un habitante de esta ciudad quiso ser enterrado (por inspiración divina) a la entrada de oratorio. Pero cuando se empezó a cavar en la tierra, apareció el cuerpo de Amadour o Amador, incorrupto. Así que los monjes decidieron colocarlo en el altar de la iglesia y mostrarlo a todo aquel que lo quisiera ver.

Se ha constatado que esta tumba es muy antigua, aunque nada se ha podido saber del cadáver. La tradición explica que este Amadour es Zaqueo, el personaje bíblico que era demasiado bajito, y que para ver a Jesús se subió a un árbol. Después de conocer a Jesús y convertirse al cristianismo, Zaqueo repartió la mitad de sus bienes y todo aquello que adquirió ilegalmente. Se cree que Zaqueo junto a la Verónica (la mujer que secó la cara a Jesús durante el vía crucis, y cuyo rostro quedó impreso en el pañuelo), que sería su esposa, habrían tomado una barca que les hubiera llevado a la montaña de Rocamadour (gracias a un viento divino, por supuesto), donde hubieran vivido como eremitas en una de sus grutas. Sobre la sepultura de Amador, nació una capilla que se considera la más antigua de Rocamadour.


Como ya comentamos antes, uno de los atractivos de Rocamadour es la talla de una Virgen Negra de madera con los ojos cerrados y el niño Jesús en su rodilla izquierda, ambos coronados. Se encuentra en la capilla de Notre-Dame en el centro de la población (capilla construida en el 1479, excavada en la roca). Es una virgen de las llamadas “relicarias” o “maiestas mariae”, muy populares durante la Edad Media; como también comentamos antes, antes del siglo XVII no se tiene constancia de que esta Virgen fuera negra, así que se nos plantea la hipótesis del humo de los cirios de la capilla. A medida que han pasado los años se ha vuelto más oscura, y es una teoría plausible debido a que durante siglos (desde finales de la Edad Media hasta el siglo XX), Rocamadour ha sido un lugar dejado de la mano de Dios. Ya en el 1235, soldados franceses que hacían campaña por el sur de Francia lapidaron y pisotearon la imagen, y en el siglo XVI fue salvada por los pelos de un gran incendio. Además, después del saqueo que sufrió Rocamadour durante el 1562 por parte de los hugonotes franceses (calvinistas), donde cuenta la leyenda que quisieron quemar el cuerpo de Amador y no pudieron, la prosperidad de esta villa decayó hasta bien entrado el siglo XX.


Otro suceso sufrido por la imagen de la Virgen fue el robo de una joya donada por el papa Pío IX por parte de unos ladrones a finales del XIX. Todo esto y lo ya dicho anteriormente se cree como la causa de la negrura de la talla.


Obras como el Libro de los milagros de Nuestra señora de Rocamadour nos relatan en un latín fácil sucesos o milagros atribuidos a la Virgen Negra de Rocamadour. Entre ellos se encuentra la de fray Alberic, un monje custodio de la imagen al cual se le apareció la Virgen tres sábados seguidos con un estandarte de la Virgen María con su hijo, y con el propósito de que lo llevara al rey de Castilla antes de la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Este monje rehusó la demanda de la Virgen, cosa que provocó su muerte a los pocos días. Así que fue el prior del monasterio el encargado de llevar a cabo la misión: desplegar el estandarte cuando fuera necesario durante la lucha. Cuando en un momento parecía todo perdido para los cristianos, de entre ellos surgió el prior con el estandarte de Rocamadour y de Castilla, dando fuerza suficiente a los cristianos para derrotar a los almohades.

Claro está que para este tipo de lugares siempre existe una o varias leyendas que le dan un aire más misterioso o devoto. Tenemos el ejemplo de Santiago de Compostela, de cómo un rey (Alfonso II) con la ayuda de miembros eclesiásticos, crean una realidad alrededor de un mito o leyenda popular (alegando que el apóstol Santiago yace en Compostela), con fines religiosos, políticos, económicos… (claro está que los soldados españoles antiguamente tenían en “Santiago!” su grito de guerra, o de cómo el Camino de Santiago ayudó a introducir corrientes culturales europeas en la península, a la economía…). Aunque desde siglos, estos lugares han despertado la fascinación de las personas, ya sea por su belleza visual (el caso de Rocamadour, por ejemplo) o su mítica historia.

martes, septiembre 12, 2006

L’HOSPITALET MEDIEVAL

L’Hospitalet de Llobregat es un municipio de Catalunya, situado entre las poblaciones de Esplugues de Llobregat, Cornellà de Llobregat, El Prat de Llobregat y Barcelona, en la comarca del Barcelonés. Las últimas estimaciones hablan de una población de unos 270.000 habitantes, siendo así el segundo municipio más grande de Catalunya, y uno de los más habitados en España. Su densidad de población (20.926 habitantes por km2 ) la convierte en la ciudad con más densidad demográfica de España y de las más elevadas de Europa.

Actualmente, el papel de L’Hospitalet en la zona ha cambiado; la antigua denominación de “ciudad dormitorio” ha dado paso a la de una ciudad que pone ímpetu en su modernización, con más servicios y transportes públicos cada vez más eficientes.

Sin embargo, si retrocedemos a la Edad Media veremos que el nombre L’Hospitalet no aparece en los mapas ni en la documentación de la época. A qué se debe esto?

Excavaciones arqueológicas han sacado a la luz restos materiales de una cierta importancia en la zona que hoy ocupa la ciudad ribereña, restos que datan del siglo IV aC (culturas ibéricas). Además, se ha certificado que durante el Paleolítico y el Neolítico ya existían comunidades humanas en los bordes del río Llobregat.
Se han encontrado otras piezas antiguas de gran valor en la zona, como la Cabeza de Medusa, del siglo II aC, (pieza de uso funerario; actualmente se expone en el Museu Arqueològic de Barcelona), en el inicio de la romanización de la península.



No es hasta el siglo X cuando aparece en los documentos escritos el término Provençana, el primer nombre que recibió la zona. En aquella época, el municipio abastaba el doble de territorio que el actual, extendiéndose de la sierra de la Collserola hasta la desembocadura del río Llobregat, y desde el municipio de Esplugues de Llobregat hasta los barrios barceloneses de Sarrià y Sants.


Los orígenes del municipio los encontramos en el siglo XII, cuando alrededor de la iglesia románica de Santa Eulàlia de Provençana, y de l’Hospital de la Torre Blanca (barrio del Centro) se crean núcleos de población. Es en este camino que conecta estos dos lugares (actualmente en coche se tardan unos cinco minutos en unir estos dos puntos) donde se crea una especie de hostal, donde los viajantes se podían hospedar en caso de no llegar a tiempo antes del cierre de murallas de la ciudad condal.

El nombre catalán de Hospitalet se cree popularmente que proviene de este hostal medieval.

Otras fuentes nos hablan del actualmente conocido barrio de Bellvitge. Este lugar aparece por primera vez en un documento de compra-venta datado en el 995, con el nombre godo de Amalvígia. En el 1057, según la documentación, el lugar pasa a llamarse Malvitge (“mal viaje”); el nombre actual de Bellvitge aparece en contraposición al anterior.

En cuanto a la antigua ermita de Bellvitge, la primera referencia la tenemos datada en el año 1279, aunque excavaciones arqueológicas realizadas en los 80 han determinado que la antigua capilla data del siglo XI. Las continuas riadas del Llobregat provocaron el deterioro de la primera edificación, así que en el 1718 fue edificada la actual ermita, a unos 6 metros de los cimientos de la antigua.


El por qué de la poca importancia que tuvo el municipio durante el Medioevo es simple: el núcleo poblacional que se fue creando alrededor de la parroquia de Santa Eulàlia no era sino que otro ejemplo de cómo un monasterio/iglesia ejercía como un agente creador de poblaciones en la era feudal. La función que por entonces podía tener la zona era más de “albergue” para los viajantes que se dirigían a Barcelona, que otra cosa. Además, Hospitalet siempre fue una zona eminentemente agrícola; no fue hasta el siglo XVIII que se empezaron a instalar las primeras fábricas textiles. Ya en el siglo XX, tras adjudicarse el título de ciudad (dado por el rey Alfonso XIII), la ciudad empezó a experimentar un crecimiento poblacional y económico importante.